Querida mitad:
Hoy te escribo para decirte cuánto te extraño.
Para mí, escribir éste tipo de textos, se me está haciendo habitual.
Estoy cansado. Realmente cansado.
Cansado de no tenerte a tu lado. Cansado de no ver tu sonrisa. Necesito volver al día siete de éste mes, necesito quedarme allí eternamente, contigo, con María y con Adrián. No quería volver a mi pueblo. Quería ser tuyo eternamente. Quedarme a tu lado, siempre. Siempre, como te prometí. Como nos prometimos.
Yo no te escribo todas estas cartas para pedirte una segunda oportunidad. Ni la quiero ni la merezco. El único motivo por el que escribo es para recordarte. No, no te confundas, yo nunca te olvido, pero al menos una vez al día me gusta recordarte. Me hace bien recordar todo lo que hemos vivido. Me hace bien pensar que un día estuviste. Lo que no me gusta es lo que viene después. Que no volverás. Nunca volverás. Y ahora, todo esto suena extraño. De lo extraño que suena eso de continuar sin ti, hace daño.
No quiero olvidarte jamás.
lunes, 9 de abril de 2012
domingo, 8 de abril de 2012
Quien a pesar de la distancia.
Querida mitad:
Te escribo ésta carta que jamás leerás para decirte que de verdad lo siento.
Hace tan solo unos días, tú estabas en Madrid, y yo, en Murcia. Las cosas estaban mal. Fatal.
Los dos estábamos enamorados, aunque no queríamos demostrarlo.
La distancia separaba lo que el amor unía. Entonces, el destino quiso que las distancias dejasen de ser kilómetros para pasar primero a metros, después a centímetros. Luego te dije que te quería, ¿y sabes?: Mentía. En realidad, te amaba. Después, los centímetros pasaron a milímetros. Sobraba el mundo. Me daba igual lo que ocurriese, estabas conmigo. Al fin, lo estabas.
Aquellos minutos que pasé a tu lado, no los cambio por nada.
Fueron los primeros.
Odio la despedida.
Te amo a ti.
Después de tantos meses esperando el momento, se acabó.
Y no hablo de los minutos a tu lado, que también se acabaron.
Como sabrás, hablo de lo nuestro.
Maldito alcohol. Malditas las ganas de correr para que mis amigas, que se habían bebido más copas, llegasen a tiempo a sus casas.
Malditas las ganas de besarte. Maldito el beso que le di a ella.
Y es que, cuando la suerte te sonríe, llega la tercera persona, y la suerte deja de llamarse así.
Te juro que no quería que pasara. Te juro que te necesito.
Eres, fuiste y serás siempre lo que más necesito.
Más que al aire, más que a vivir.
Y es que, aunque te cueste entenderlo, te amo.
Te amo tanto que, aunque la gente diga que la distancia hace el olvido, yo te siento aquí, conmigo.
081111.♥ ºº
Te escribo ésta carta que jamás leerás para decirte que de verdad lo siento.
Hace tan solo unos días, tú estabas en Madrid, y yo, en Murcia. Las cosas estaban mal. Fatal.
Los dos estábamos enamorados, aunque no queríamos demostrarlo.
La distancia separaba lo que el amor unía. Entonces, el destino quiso que las distancias dejasen de ser kilómetros para pasar primero a metros, después a centímetros. Luego te dije que te quería, ¿y sabes?: Mentía. En realidad, te amaba. Después, los centímetros pasaron a milímetros. Sobraba el mundo. Me daba igual lo que ocurriese, estabas conmigo. Al fin, lo estabas.
Aquellos minutos que pasé a tu lado, no los cambio por nada.
Fueron los primeros.
Odio la despedida.
Te amo a ti.
Después de tantos meses esperando el momento, se acabó.
Y no hablo de los minutos a tu lado, que también se acabaron.
Como sabrás, hablo de lo nuestro.
Maldito alcohol. Malditas las ganas de correr para que mis amigas, que se habían bebido más copas, llegasen a tiempo a sus casas.
Malditas las ganas de besarte. Maldito el beso que le di a ella.
Y es que, cuando la suerte te sonríe, llega la tercera persona, y la suerte deja de llamarse así.
Te juro que no quería que pasara. Te juro que te necesito.
Eres, fuiste y serás siempre lo que más necesito.
Más que al aire, más que a vivir.
Y es que, aunque te cueste entenderlo, te amo.
Te amo tanto que, aunque la gente diga que la distancia hace el olvido, yo te siento aquí, conmigo.
081111.♥ ºº
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